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Vivencias de un Rey

Quisiera explicaros con sinceridad infantil toda aquella multitud de pensamientos que se atropellaban en mi interior durante las cortas pero intensamente vividas horas de mi fugaz realeza.

¡Qué sensación de impotencia al encontrarme ante ti, querido niño, en aquella cama del Hospital! ¿Por qué la oscuridad de mi piel no pudo transpirar lo que sentía mi corazón? Ser Rey, aunque tan sólo sea por un día, necesita una larga preparación, y yo llegué a la realeza como un juego. ¡Qué error que cometí! No te preocupes, Majestad, contempla aquella niña; ¡qué mirada tan transparente!... ¿Qué le diré?... ¿Cómo se lo diré, para que, sin romper la magia y la felicidad de estos momentos, pueda hacerle reflexionar, para que ame más, trabaje más, comparta más?... No puedo hablarle de sacrificio, la molestaría. ¡Qué difícil es comunicarse con los niños!... ¡Cómo cambiamos las personas al hacernos mayores! ¿Y aquel otro niño? Me mira sonriendo, pero adivino una especie de tristeza en sus ojos. ¿Qué le debe pasar?... Dicen que los Reyes lo sabemos todo. Yo no debo tener madera de Rey.

Música, luces, aplausos, me animo, despierto, quiero rehacerme, saludo, reparto caramelos, me siento importante. Reflexiono. La vanidad pierde a los hombres. Con más razón debe perder a los Reyes. Las cámaras me enfocan…, he de sonreír… No pienses reycillo… Vive el momento… Disfruta de este sueño maravilloso… Una multitud me aclama… Mi imaginación vuela a la antigua Roma… Nerón. El anfiteatro. Julio César entrando por sus calles bajo arcos de triunfo.

Mi mente hace un etéreo recorrido hasta Belén… ¿He adorado al Dios Niño? Ni tan sólo he pensado en ello. ¿Por qué, Jesús, por qué los hombres y los Reyes somos tan desagradecidos?... ¿Tan despistados? ¿Es mi egoísmo lo que enturbia mis ojos? ¡Qué ceguera! ¡Tantos honores!..., ¡tantas aclamaciones! ¿Es que me he creído que soy Rey? ¡Qué simple soy!... Aprovechando que llevo la cara enmascarada y que nadie me conoce, hago y digo cosas que no han de hacer ni decir los Reyes. Estoy eufórico. Siento una sensación de alegría, como jamás la había sentido. ¿La transmitiré a los niños? ¿O son ellos, quizás, quienes me la contagian a mí?

Fragmento de un texto publicado el año 1987, del Sr. Magí Puig i Gubern

 

Comissió Cavalcada dels Reis d’Igualada, F.P
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